Por los detalles que os contaré, entenderán porqué nunca olvidaré cuándo, cómo y dónde conocí a Nicky Hayden y las circunstancias. Fue el viernes 1º de noviembre de 2002, en el circuito de Cheste.

Debo reconocer que en aquellos años no seguía ni le prestaba mucha atención al Campeonato AMA, pero sabía de la existencia de Nicky desde hacía algunos meses, especialmente desde que, después del verano de aquél año, HRC anunciase que Nicky sería piloto oficial, como compañero de Valentino Rossi, en el equipo Honda Repsol. Sin embargo, mi “conocimiento” sobre Nicky Hayden, y mi interés por él, no fue por el anuncio de HRC, sino porque mi hija Sara, que en aquel momento tenía apenas 14 años, empezó a darme la “vara” con que llegaba al Mundial un piloto americano encantador, guapo y muy simpático. Nicky Hayden.

Sara vino conmigo a unos cuantos GGPP, y precisamente al primero al que vino fue al último del Mundial de 2002. Y fue el viernes 1º de noviembre, caminando por el paddock, cerca del mediodía, cuando mi hija se volvió loca, como se vuelven locos los niños cuando ven algo que desean, (y a veces los no tan niños…), y, excitadísima, me dijo: “Patito, patito… ahí está Nicky Hayden”. Lo de “patito” era un mote de “guerra” que Sara utilizaba conmigo cuando quería que le hiciera caso de forma prioritaria. Urgente. Inmediata. Sinceramente, yo no habría reconocido a Nicky Hayden entre los miles de personas que suele haber en un paddock, y más en el de Cheste. Iba vestido de “civil”, no llevaba nada que le asimilase a un “futuro” piloto oficial y, la verdad, aunque hubiese pasado a mi lado, ni me habría enterado.

Nos acercamos a él. Nicky caminaba por el paddock solo. Nadie le reconocía. Le llamé. Y me presenté. Le dije que seguía el Mundial, le di la bienvenida y la enhorabuena por su fichaje por el equipo oficial. Atento, muy atento a los detalles, Nicky me preguntó: “Cómo me dijiste que te llamabas…?”. Le repetí mi nombre y él, pidiéndome permiso, cogió mi pase y lo miró por detrás, donde viene el nombre y el medio al que representas. Entonces le expliqué que había sido gracias a mi hija que le había reconocido y él le preguntó: “Cómo te llamas…?”… “Sara”, le contestó ella. Nunca más, y nos vimos muchas veces, y siempre me preguntaba por ella, no hizo falta que a Nicky le recordase el nombre de mi hija.

Durante ése fin de semana volvimos a coincidir con él varias veces. Él, que siempre que le veíamos estaba solo, cuando nos veía parecía como que veía a alguien que conocía de toda la vida. Llamaba a mi hija por su nombre y entre ellos, gracias a que Sara hablaba un inglés mucho mejor que el mío, (lo mío no pasaba, ni pasa, de un mal dialecto sioux…), echaban unas buenas parrafadas. La impresión que me causó el “Kentucky Kid” fue inmejorable. Me impresionó. Nos impresionó.

Unos meses más tarde, ya en marzo del 2003, los entrenamientos del IRTA se celebraron en Montmeló. Era la puesta de largo de Nicky Hayden en el equipo oficial de HRC, el Honda Repsol. Con tal motivo montaron una carpa espectacular, y allí nos vimos prácticamente todos los que seguíamos el Mundial. Una vez superados los discursos de los “jefazos”, (los “jefazos” de HRC y los de Repsol), llegó el turno de los “ruegos y preguntas”. No llevé la cuenta, pero si hubo 25 preguntas, las 25 fueron para Valentino Rossi. Aburrido de ése “rollito”, y pareciéndome un ninguneo impresentable que nadie le preguntase al campeón del AMA más joven de la historia , me acerqué a uno de los “jefazos” de Repsol, (Javier Inclán…), y le dije, por lo “bajini”: “Javier… esto está muy aburrido. ¿Me das permiso para liarla?”... Respuesta de Javier Inclán: “Ya tardas en liarla…”.

“Autorizado” por el “jefe”, (yo no quería dar la nota ni “reventar” con una payasada de las mías una presentación a nivel mundial…), pedí el micrófono. Yo estaba casi al fondo de la carpa. Cuando me dieron el micrófono dije: “Ésta es una pregunta para Nicky Hayden…”. Nicky, ninguneado hasta ése momento por todo el mundo, estaba a su “bola”, mirando hacia abajo, no sé si al teléfono pero, al escuchar su nombre, se sobresaltó, levantó la cabeza, y prestó atención. Le dije: Nicky: mi hija, que tiene 14 años, y que ya conoces, está enamorada de ti, y sabiendo que te vería, me pidió que te hiciese dos preguntas. Una, ¿si tienes novia, y dos, si te gustan las chicas españolas?”.

Bueno, bueno, bueno… Ya se pueden imaginar ustedes la carcajada general. Los entendidos hablando con el más grande entre los grandes, Valentino Rossi, de técnica, de posibilidades, de expectativas de cara al mundial, y aparece un flipado haciéndole semejantes preguntas a Nicky Hayden. Nicky, lógicamente, me contestó a las dos preguntas, pero el ambiente había pasado del tedio a un cachondeo general, por lo que ahí se acabó la presentación. Y pasamos a los pinchos.

Años más tarde, hablo ya de 2006, Nicky Hayden, que a ésas alturas había presentado su candidatura al campeonato, y que ya tenía a Valentino en el bando contrario, (el compañero de Nicky en el Honda Repsol era Dani Pedrosa), volvió a ganar en Laguna Seca. Y digo volvió a ganar, porque ya había ganado en 2005. Al acabar la rueda de prensa posterior a la carrera, me acerqué a Nicky y, abriendo mi mochila, le enseñé una bandera “pata negra” de los Estados Unidos y le dije: “Nicky: aquí tenías a 25.000 personas dispuestas a darte una bandera americana al ganar la carrera. A partir de hoy, ésta bandera vendrá conmigo a todas las carreras, y yo te la daré el día que ganes el Mundial”. Nicky sonrió, algo normal en él, y me agradeció la confianza que demostraba tener en él.

Unos meses más tarde, y a pesar del “affaire” con Dani Pedrosa en Estoril, seguí apostando por Nicky Hayden, y me presenté en Cheste con mi bandera americana en la mochila. Valentino Rossi llegaba líder al último GP y en una de mis “casas”, (la Cadena Cope… la otra era Solo Moto), se “partían el culo” de risa conmigo porque yo seguía apostando por Nicky Hayden como campeón. José Antonio Abellán decía que mi apuesta era más producto de la amistad de mi hija Sara con Nicky que de la objetividad de un periodista que debía saber algo de esto. Y aunque la confianza es algo difícil de explicar, yo tenía mis “argumentos”.

Me fui, como siempre, a ver la carrera a la pista. Ésa vez fui con mi amigo Vicente, un fenómeno gallego, buen amigo de Álex Crivillé, loco por las motos. Él, y yo, íbamos con Nicky. Yo llevaba la bandera americana en la mochila y, antes de irme para la pista, había pasado por el box de Repsol y había pedido un rollo de cinta americana y, de paso, ¡les había robado el palo de un cepillo de barrer…! de esos palos de plástico duro, que se enroscan al cepillo.

“Gracias por darme la bandera, yo solo te puedo dar esto…”

Por respeto, no sé si también por superstición, no monté la bandera en el palo hasta la última vuelta. Como saben, Valentino se había caído en las primeras vueltas, pero yo no soy de los que cantan victoria antes de tiempo. Al entrar en la última vuelta, temblando por los nervios, saqué la bandera de la mochila y le pedí ayuda a Vicente para pegarla con cinta americana al palo de cepillo robado del box de Honda Repsol.

Estábamos en la pequeña recta que hay entre la curva 1, la izquierda del final de recta de Cheste, y la siguiente izquierda, la curva 2. Como tenía algo de “experiencia”, (yo ya le había dado la bandera española a Dani Pedrosa las 3 veces que fue Campeón del mundo, y también a Álvaro Bautista…), me identifiqué y pedí “permiso” a los “marshall” para poder entrar a la pista. Y en eso llegó Nicky, ya Campeón del mundo. Me vio. Se paró. Nos dimos un abrazo y le di la bandera. Nicky lloraba. Como un niño. Yo también.

Un poco más tarde, al acabar la Rueda de Prensa, me acerqué a Nicky y nos dimos un abrazo. Él, después de agradecerme lo de la bandera, me dijo: “Solo tengo esto para darte…”. Y me dio una pequeña toalla blanca, que pone Circuito de Cheste, con la que él se había estado secando el sudor durante la rueda de prensa.

Dentro de la parafernalia y de lo incontrolado de momentos así, minutos después de que alguien se convierta en Campeón del Mundo, hablé con Tommy Lee, uno de los hermanos de Nicky. Le expliqué que había sigo yo el que le había dado la bandera americana a Nicky y que quería recuperarla. Entre el “corralito” y la sala de prensa, la bandera se había quedado por el camino. Tommy Lee me dijo: “Te la buscaré”. La encontró y me la devolvió. Aún la tengo en mi poder, y ahora mismo no tengo otra ilusión, ni otra necesidad emocional, que hacérsela llegar a la familia de Nicky. Incluso, si fuese posible, me iría hasta Owensboro a entregársela personalmente.

Y hablando de banderas, el alcalde de Owensboro, Tom Watson, acaba de ordenar que las banderas de la ciudad natal de Nicky Hayden, de unos 60.000 habitantes, ondeen a media asta hasta nuevo aviso. Mi bandera, la de la amistad, la emocional, la de la pena que siento, la de la admiración por un tipo auténtico, la bandera que levanté en su día por apoyar a un antidivo, ondeará a media asta por Nicky Hayden hasta que mi memoria, si es que alguna vez me falla, empiece a borrar el recuerdo de alguien tan entrañable y tan inolvidable como Nicky. La otra bandera, la que le di a él en Cheste, estará dónde quiera su familia que esté.

En momentos tan duros, se mezclan las emociones, y no pudo olvidar que, siempre que fui al circuito de Philip Island, en Australia, visité una playa cercana a la pista en la que hay un conmovedor cartel recordando a alguien que murió allí. Ése cartel termina con un deseo: “Vuela alto”… Vuela alto, Nicky Hayden.

Marcelo Carbone